19/12/2003
Cultura
El país en 150 000 fotos
Quito.“Fue un verdadero personaje”. Así define su octavo hijo, Diego Cifuentes, al fotógrafo, artista, compositor y padre, Hugo Cifuentes.
Tres años después de su muerte, doña Saida de Cifuentes congregó a sus nueve hijos con una idea: donar el archivo fotográfico de su esposo a una organización estatal que la administre y dé buen uso. Frente a la pregunta “todos estuvimos de acuerdo. Fue una sabia decisión”, asegura su hijo, quien es uno de los más destacados fotógrafos contemporáneos que tiene el país.
El archivo de imágenes supera los 150 000 negativos, puesto que aún no se han contabilizado con exactitud, contiene una progresión del trabajo que realizó Cifuentes en los últimos 40 años.
Personajes de toda índole fueron capturados por su cámara. Un Rodrigo Borja cuando tenía 24 años, Eduardo Zurita al bordear los 20, Gerardo Guevara cuando fue parte de la Sinfónica Nacional y así un millar de historias más.
El contenido de su trabajo fue fruto de “Cifuentes Foto Estudio”, un local ubicado en la Amazonas y Washington, que posiblemente muchos habrán visitado alguna vez. “Toda su vida vivió de la fotografía y dio de alimentar a sus nueve hijos con esta profesión”, apunta Diego Cifuentes.
Fue un oficio que le dio satisfacciones pero también frustraciones. Según el penúltimo de sus hijos el trato con la gente no era su fuerte. “Lo que sí disfrutaba era fotografiar por el gusto de hacerlo”.
Con apenas tercer año de colegio, fue un arduo autodidacta que pisó la universidad solo para dar conferencias sobre estética. Su preparación y horas de lectura lo condujeron a la fotografía contemporánea.
Por esto, el valor de sus retratos no solo es histórico sino también técnico. “Creo que este archivo puede llegar a ser un interesante material de consulta. Un futuro libro sobre la historia de la fotografía ecuatoriana”, apunta Diego.
Pero este hombre multifacético dejó también otros legados culturales. Es el autor de la famosa canción “El Toro Barroso” y tiene algunas otras composiciones menos conocidas como:“Cordón de nubes” y “El Ñaupador”.
Su pasión por la música lo mantenía varias horas con una guitarra, tocando la flauta o tras los tambores. Además, disfrutaba oyendo a Brahms, Haendel y la ópera.
Su elevado interés por el arte, la música y los temas intelectuales no le permitieron acercarse mucho a sus hijos. “Era un padre que nos impuso disciplina al máximo. Aprendimos a ser honestos y trabajadores pero con rudeza” confiesa Cifuentes hijo. “Las conversaciones siempre giraban en torno al arte y la filosofía”. Su frase algo: “Si quieres aprender algo bien apréndelo solo”.
Este otavaleño de nacimiento murió del mal de Alzheimer en 2000, a los 77 años. Ahora su hijo dice: “Me hubiera gustado no vivir a su lado pero irlo a ver todos los días”.